Diseño y periodismo

Elaboración: Natalia Pano

«Con independencia de lo que se diga, podemos analizar un discurso en términos de una cantidad de categorías formales típicas, su orden y funciones específicas, en su estructura canónica. Estas estructuras esquemáticas desempeñan una función importante, tanto en la producción y comprensión del discurso, como en su almacenamiento y su reproducción». Aznar, E. y otros. Coherencia textual y lectura. Barcelona. ICE Horsori. 1991

La comunicación periodística

El diseño de revistas ingresa en un campo entre el periodismo gráfico y la comunicación periodística. Es un proceso de interrelación de individuos y grupos sociales cuya forma mediatizada es el mensaje.

Los periodistas, o editores, cuentan con un rol socialmente legitimado para construir la realidad social como realidad socialmente relevante. La producción de mensajes periodísticos es parte de su tarea diaria y son los medios de comunicación los encargados de hacer circular dichos mensajes y de reunir a públicos y textos en lo que ciertos autores han definido como “contrato mediático” o “contrato de lectura” (un nuevo contrato social).

El proceso de producción, circulación y reconocimiento lleva implícito el consenso que la sociedad otorga a los medios como soporte que construye y difunde sentido sobre el mundo y es en realidad un caso particular de comunicación humana que escapa al modelo reduccionista “E > M > R”.

Si bien se puede incluir al periodismo dentro de los cánones básicos de la comunicación, entendido únicamente como el acto de “comunicar información”, hacerlo sería minimizar su función, trascendencia e importancia. “El periodismo es el minutero de la historia”, decía el filósofo alemán Arthur Schopenhauer.

La industria de la información no construye un discurso estructuralmente homogéneo, sino un conjunto complejo de géneros y tipos discursivos. Se trata más bien de un modelo sistémico, compuesto por un conjunto de elementos interactuantes tales que la variación de cualquiera de ellos afecta al conjunto.

Algunas características

La comunicación periodística es subjetiva: además de la subjetividad que trae consigo todo sujeto (en base a sus normas, valores, experiencia e impresiones del mundo), el segundo hecho fundamental que hace al periodismo subjetivo es la selección. Por un lado, la selección de ciertas palabras y determinada sintaxis: por ejemplo, no es lo mismo decir “La policía reprimió a los manifestantes” que decir “Los manifestantes fueron reprimidos por la policía”. En el primer caso la oración está en voz activa, está claro quién es el sujeto responsable de los acontecimientos y quién es el destinatario de la acción. En el segundo caso, la pasivización provoca que la presencia del sujeto quede relegada, disminuida, y lo que era el objeto directo se transforme en un nuevo sujeto paciente.

Otra instancia que marca la subjetividad consiste en que, desde el momento en que se selecciona qué información se incluye en un medio y cuál se excluye, hay una opinión por parte del periodista. Lo mismo ocurre en el proceso de ubicación de esa información en el medio, qué espacio se le dedica, si lleva foto y cómo es ésta, cómo se titula, qué se destaca en ella y desde qué posición, entre otros elementos.

Todas estas son selecciones que se realizan de acuerdo con unos criterios subjetivos y que dejan entrever la posición del periodista con respecto al hecho que desea informar.

Está mediatizada: lo que sale publicado no es reflejo de la realidad. Es una construcción que se realiza en las redacciones en base a la poca o mucha información obtenida, a la consulta del periodista con las fuentes y a una línea editorial de la empresa. El periodista disfruta de un espacio limitadísimo para comunicar: el propio marco de la publicación.

Posteriormente al recorte hecho en las redacciones sobre el contenido, viene la interpretación que cada lector hace de aquello que está publicado en base a su propia percepción. Toda creación periodística puede ser considerada como una palabra global, que el lector llena de sentido, según su conocimiento de la lengua y su experiencia personal. Hay una doble subjetividad en la comunicación periodística: la del periodista a la hora de escribir y la del lector a la hora de leer.

Es intencional: los objetivos que cada medio persigue son innumerables. Sus intenciones pueden ser muy variadas. Van desde los fines informativos, recreativos, sugestivos, o netamente comerciales. Suelen expresar intenciones explícitas, pero también expresan otras implícitas. La transmisión ideológica, de hecho, suele ser un factor común a todo tipo de edición. El mensaje periodístico, además de ser un hecho comunicable, cumple con la función formativa por los juicios de valor que se emiten.

No es forzada: es decir, presupone una participación, una aceptación por parte del lector, lo cual permite distintos grados de especificación. Esto da libertad a las publicaciones para manejarse dentro de distintos tipos de temáticas o con distintos grados de compromiso dentro de un mismo tópico, y así poder satisfacer a públicos más focalizados.

Es contextual: los textos periodísticos se producen a raíz de un acontecimiento noticioso y comparten con el público ciertos datos objetivos, valores y reglas de interpretación. Este acervo común es el contexto y permitirá que un determinado texto obtenga una única interpretación entre las muchas posibles, o al menos la más aproximada a la intención inicial del emisor.

Periodismo gráfico

A grandes rasgos, en la comunicación de una revista intervienen los siguientes factores:

  • Emisor: redactores (periodistas – diseñadores).
  • Mensaje: contenidos (información propiamente tal).
  • Código: lingüístico, gráfico-tipográfico.
  • Canal: la revista (papel).
  • Receptor: público (lectores).

El contenido

Periodísticamente, podemos clasificar a los textos según una serie de características propias –formas discursivas– que permiten enmarcarlos dentro de un determinado género. Si bien algunos teóricos del periodismo sostienen variantes en la clasificación, las tramas más características son:

  • Textos informativos: la noticia, el reportaje, la entrevista, la crónica, el perfil.
  • Textos de opinión: el editorial, el comentario, la crítica, la columna, el artículo, cartas al director.
  • Otros: los sueltos, los chistes, el horóscopo.

El código

Las revistas manejan básicamente dos tipos de códigos: el lingüístico o redaccional, ligado a la intención de discurso (el vocabulario empleado, la sintaxis utilizada), y el gráfico-tipográfico, que incluye la o las tipografías con que se compondrá la edición, si lleva o no imágenes y qué tipo de imágenes, los colores, etc.

La elección del código está íntimamente ligada a las características de los lectores más frecuentes de la publicación, a sus valores y a sus expresiones. Ambos códigos conviven en el mismo soporte conformando así una unidad gráfico-textual que interactúa de manera eficaz.

Géneros periodísticos

La noticia

Es la información “objetiva” sobre un hecho, prescindiendo de todo comentario. Ha de ser breve, concisa e impersonal. ¿Cuándo un hecho es considerado noticia? Cuando interesa a un gran número de personas, es actual y no habitual, además de reunir otros aspectos, como la emoción, el conflicto, la utilidad o la personalidad del protagonista.

Estructuralmente, el interés en una noticia es decreciente. Lo más importante aparece al principio. Se suele decir que tiene forma de pirámide invertida: orden decreciente en cuanto a la importancia de la información.

El texto de una noticia periodística se compone de los siguientes elementos:

  • Titular: nos dice de qué trata la noticia.
  • Entrada (cabeza informativa): resume de forma condensada la noticia; en ella se da respuesta a las preguntas fundamentales ¿qué?, ¿quién?, ¿cuándo?, ¿cómo?, ¿dónde?, ¿por qué?
  • Cuerpo: aclara, matiza y completa la información.

La entrevista

La entrevista es el género mediante el cual el periodista entra en contacto con un personaje público, el entrevistado, del que se presupone interés periodístico, ya sea por sus declaraciones, por algún acontecimiento, por su cargo o por su propia personalidad. Tiene como propósito dar a conocer una situación, un hecho, etc. Por entrevista no hay que entender solo el momento conversacional entre dos interlocutores, sino también el texto final que el periodista redactará con posterioridad a ese encuentro.

La entrevista puede escribirse siguiendo un orden cronológico y respetando la estructura básica de preguntas y respuestas o en forma de relato, en cuyo caso no se sigue el orden de preguntas y respuestas tal como fueron hechas, ni se incluyen en el texto.

Podemos encontrar entrevistas informativas y entrevistas de creación. La entrevista informativa es la que centra toda su atención en las declaraciones de los personajes, pues son estas las que aportan el grano de actualidad y justifican su publicación. La entrevista de creación, en cambio, es aquella en la que intervienen las dotes personales de quien la realiza: observación, ambiente, creación y recreación, mundo de resonancias y de sugestiones; en consecuencia, tienen más prosa propia que ajena.

En lo que concierne a la estructura de la entrevista, puede ser variable, pero la forma más frecuente es aquella que se inicia con una cita indirecta, una aseveración interpretativa, un resumen o, a veces, una cita directa. Al principio de la nota, por lo común en el primer párrafo o en el segundo, se identifica al entrevistado, se demuestra su capacidad o autoridad en el tema de la entrevista y se aclara la ocasión e importancia de la misma. El cuerpo de la entrevista es una combinación de citas directas e indirectas, diseminadas con frases o párrafos explicativos de transición.

Otra técnica para la redacción de entrevistas consiste en transcribir las preguntas y respuestas en el orden que se llevaron a cabo, o bien escoger la opinión que se considere más importante, empezar con ella y luego seguir el orden de preguntas y respuestas. En cualquier caso, la estructura de la entrevista consta de tres partes fundamentales:

  • La presentación o entrada.
  • El desarrollo: preguntas, respuestas o el relato.
  • El cierre, que puede ser un comentario, la última respuesta o el final del relato.

La crónica

La crónica es la información sobre unos hechos ocurridos durante un período de tiempo desde el lugar mismo o próximo a donde han ocurrido por un informador que los ha vivido como protagonista, testigo o investigador y que conoce las circunstancias que lo rodean.

Una de las características de la crónica es su regularidad, que da lugar a que un mismo autor, un mismo tema o un mismo espacio de referencia se repitan con frecuencia. Esta repetición termina creando en el lector de la crónica un vínculo de familiaridad entre el cronista y su público.

Podemos diferenciar las crónicas que cubren un lugar y las crónicas que cubren un tema. Dentro de las primeras, están las crónicas de corresponsal y las crónicas de enviados especiales. Dentro de aquellas que se elaboran atendiendo a la especialización que el cronista manifiesta en un determinado tema, corresponden las crónicas judiciales, las deportivas, las de sucesos, las de sociedad y las crónicas parlamentarias.

La extensión de la crónica no es fija. Suele tener variaciones importantes y su límite puede determinarse, en última instancia, por el espacio que se le otorgue en el periódico. La estructura de la crónica es la siguiente:

  • La presentación o entrada.
  • El relato, que incluye detalles que permiten al lector “vivir” el suceso.
  • La conclusión, que no es un juicio conclusivo, puesto que no hay razonamiento, sino que se trata del final del relato.

En definitiva, la importancia de conocer las macroestructuras de cada tipo de texto radica en la posibilidad de poder codificar gráficamente dichas estructuras, por medio de la jerarquización de las distintas partes, para hacer visualmente más comprensible la lectura e interpretación de los mismos.

Bibliografía

  • Manual de Estilo y Ética periodística. La Nación. Espasa. 1997.
  • MARTÍNEZ ALBERTOS, J. L. Curso General de Redacción Periodística. Madrid, Paraninfo, 2001.
  • AZNAR, E. y otros. Coherencia textual y lectura. Barcelona. ICE Horsori. 1991.

Referencias

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