Composición y modulación

Revisión: Natalia Pano

«El orden es la lógica del diseño y está controlado por el espacio. La organización de este espacio es clave tanto para la legibilidad como para el aspecto visual de una pieza gráfica». Martin Solomon

En el acto de construir y recibir un mensaje se establecen relaciones de tiempo y espacio. En una composición, el ordenamiento de los elementos en el plano en base a reglas de proporcionalidad le confiere a la pieza un determinado ritmo y coherencia. Esto es utilizado por el diseñador como herramienta para establecer jerarquías visuales y manifestar con claridad su intención comunicacional.

Modular el espacio no responde a un capricho estético ni estilístico. La modulación es un recurso de diseño inteligente y práctico que permite la resolución de problemas complejos de comunicación en forma múltiple y diversa, y que a la vez asegura la unidad y el comportamiento armónico de los elementos utilizados.

Cuando pensamos en una edición impresa, ya sea un diario, revista, memoria, balance u otra publicación para ser leída, se debe modular el espacio teniendo en cuenta que, en su mayoría, trabajaremos con textos, por lo tanto construiremos una retícula o grilla en base a criterios tipográficos.

Para ello, el elemento básico a tener en cuenta es la interlínea con la que se compondrá el texto principal. Esta interlínea será la unidad estructural de nuestra retícula tipográfica o grilla. Para iniciar el trabajo de modulación del espacio según criterios tipográficos, se pueden ensayar dos procedimientos diferentes:

a. Por un lado, puede tenerse en cuenta una idea preconcebida o un boceto que indique las características de la mancha tipográfica y su ubicación en la página. Para poder realizar dicho boceto, debe conocerse la información completa de texto e imagen que debe poseer la pieza. Además, debe tenerse una idea clara acerca de cómo quiere organizarse dicha información para su mejor recepción. De esta forma, partiendo del boceto, se realiza una modulación que permita regular sus proporciones.

b. Puede realizarse una estructura modular sin ningún preconcepto. Esto significa que, previamente, dividiremos el espacio de trabajo al máximo, tratando de obtener una grilla suficientemente rica y versátil como para posibilitar diferentes alternativas de uso. Luego de esto, realizaremos la puesta en página.

No existe un método único para diseñar una grilla, ya que, como hemos dicho, depende de la experiencia y las necesidades de cada diseñador y de cada pieza en particular. Sin embargo, a fin de explicar el problema, utilizaremos un sistema básico.

Para esto, deberemos realizar la división vertical de la página —división por campos de arriba hacia abajo— de la siguiente manera:

1. En primer lugar, debemos decidir la interlínea básica que utilizaremos en nuestro trabajo, basándonos en las demandas del texto principal. Una vez hecho esto, contaremos la cantidad de líneas con esa separación que entran en el alto del formato.

2. Obtenida esa cifra, se procederá a dividir la página sucesivamente en 2, 3, 4 campos, etc., restando en cada caso la calle que los separa. Por ejemplo:

47 – 1 = 46 ÷ 2 = 23 líneas

47 – 2 = 45 ÷ 3 = 15 líneas

47 – 3 = 44 ÷ 4 = 11 líneas

47 – 4 = 43 ÷ 5 = no permite división exacta

47 – 5 = 42 ÷ 6 = 7 líneas

47 – 6 = 41 ÷ 7 = no permite división exacta

47 – 7 = 40 ÷ 8 = 5 líneas

47 – 5 = 42 ÷ 9 = no permite división exacta

Entendemos, entonces, que el primer número corresponde a la totalidad de líneas de la longitud a dividir, el segundo a las calles restadas, el cuarto al número de campos y el último al resultado o cantidad de líneas por campo.

3. Una vez analizadas las posibilidades de modulación que otorga la interlínea elegida, se toma el resultado de la división que resulte más conveniente para los fines del diseño (a).
Con respecto a los márgenes de cabeza y de pie, se determinarán tomando uno o más campos de la división trazada. (b). Una vez realizada la partición vertical, se definirá la modulación horizontal, en base a los requerimientos del diseño. Si, además del texto principal (¿a cuántas columnas se compondrá?), tenemos otros auxiliares —notas, referencias, citas, etc.—, esto deberá estar contemplado en esa división.

Para proceder a la modulación horizontal —división por campos de izquierda a derecha— se toma la medida total de la página y se procede de la misma manera que para la división vertical.
Una vez obtenida la división del campo, se la aprovechará de la mejor manera, de modo tal que permita la obtención de un trabajo dinámico, que ayude a los fines de la comunicación a través de la disposición de sus elementos dentro de una unidad coherente (c).

Modulación dentro de la columna

Una vez definida la modulación básica, puede ser necesario incluir subdivisiones espaciales aún más pequeñas, tema bastante frecuente en el tratamiento de columnas y cuadros. Para ello, se suele recurrir al tabulado.

El tabulado es una operación que afecta como mínimo a un párrafo completo y consiste en los siguientes pasos: a) seleccionar el o los párrafos a tabular; b) seleccionar del menú del programa respectivo «atributos de tabulado»; c) en el cuadro de diálogo que aparece, seleccionar el tipo de tabulado necesario; d) indicar la ubicación espacial del tabulado en el ancho de la línea; y e) si es necesario, puede indicarse un carácter de «relleno» del espacio tabulado.

Con el objetivo de mantener una coherencia con el resto de la publicación, el tabulado debería respetar los criterios de modulación planteados. Para ello, un buen método es tabular manteniendo la mínima unidad estructural de nuestra grilla: la interlínea del texto principal.

Consideraciones sobre legibilidad

Desde el momento en que se elige la interlínea con que se va a trabajar, se debe conocer qué cuerpo funciona mejor en esa interlínea. Al decidir el ancho de columna a manejar se tendrá en cuenta que los cuerpos muy grandes (superiores a 12 pt, según la familia) o muy pequeños (inferiores a 9 pt, según la familia) se leen con dificultad y que una línea de texto debe tener alrededor de diez palabras, aunque esto último depende del tipo de pieza editorial de que se trate.

La línea de texto debe tener un largo tal que, al terminar de leerla, se pueda ubicar con facilidad el inicio de la línea siguiente. Si fuera excesivamente corta, el cambio de línea continuo interrumpe el ritmo normal de lectura y termina por cansar al lector.

Los títulos, subtítulos, notas, etc., actuarán como múltiplos o submúltiplos del cuerpo utilizado en el texto de lectura principal, al mantener su misma interlínea o bien adoptando una que sea múltiplo de la anterior.

Bibliografía

  • MÜLLER-BROCKMANN, Josef. Sistemas de retículas. Gustavo Gili, México 1992.

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